Privilegiados aún

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A las computadoras, tabletas y celulares tan sólo les bastan unas pocas órdenes orales o gráficas, para,  al instante, entregar desde las más pequeñas hasta las más vastas informaciones; traducir textos, plasmar nuestros pensamientos, sentimientos, noticias; acercar remotos parajes, sonidos, bailes; llevar y traer mensajes, conectar a los habitantes del planeta transportando sus inquietudes, alegrías y pesares, por citar
algunas entre un sinnúmero de otras posibles actividades.

Y diariamente pasamos una gran cantidad de horas dedicados a su uso constante. Algunos más, otros menos, hasta casi de manera esclavizada o dependiente, en algunos casos.

Sin embargo, todas estos fabulosos inventos tecnológicos, estas herramientas creadas para desarrollarnos y comunicarnos mejor, no son capaces de superar la maravilla humana, felizmente y todavía.

¿Cómo podrían ellos emocionarse ante la belleza de un paisaje, de una flor, de unas palabras al oído, de las notas de un piano, de un violín, de aspirar el perfume que despiden los jazmines, de saborear una jugosa manzana, de soñar, de imaginar, de sentir pena, dolor, ira, de enamorarse?

Todo lo mejor, lo genial e ilimitado está en nosotros mismos. Tan sólo debemos conocer y utilizar inteligentemente nuestras capacidades y habilidades. La vida, aunque corta, nos da la posibilidad de hacerlo. ¡Vivámosla plenamente, en armonía con el entorno y los demás, pues somos privilegiados!

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