La amorosa danza estival

nub-ros

(Notas del sábado siete, antes de la llegada de una gran lluvia veraniega que duró hasta ayer lunes.)

La luz del día ha dejado una estela de nubes rosadas por sobre el espacioso cielo tras las grandes puertas de la entrada. Realzadas sobre ese fondo destacan las siluetas de los árboles marcando los deslindes de los potreros vecinos.

El patio y mi entorno van quedando en penumbras percibiendo los sigilosos pasos de la noche, que calladamente llega a tender su oscura capa.

Desde la tierra la brisa levanta cálidas oleadas de los candentes rayos que el Sol dejó escondidos entre  las verdes hojas de los tréboles del prado. Ella, la generosa tierra, abre sus poros, respira el aire fresco, exuda los besos cálidos de aquel gigante amarillo que añorará en el invierno.

Cuando la oscuridad ha pintado de silencios todo el espacio y  mis ojos se esfuerzan para ver, giro mis pasos hacia el gran territorio en declive que hay detrás de mi casa, donde el pasto y las florecillas silvestres han crecido a su libre albedrío. Y es ahí, desde la enmarañada fronda de zarzamoras afirmadas a la cerca bajo la hilera de árboles, que descubro los primeros suaves movimientos luminosos.

Todo el gran espacio conteniendo la escenografía perfecta, se convierte en un gran escenario natural, desde donde van emergiendo invisibles bailarines portando cada cual su propio haz de luz, para representar la amorosa danza estival de las luciérnagas.

Sin premura las lucecillas suavemente ascienden, avanzan, bajan, retroceden, giran, buscando entre los incontables tallos la respuesta a sus luminosas señales. Son los machos atentos, donosos, luciendo todo el esplendor de sus fulgores, cortejando a las bellas enamoradas que desde el piso los observan y esperan para completar el ciclo de sus vidas. La fulgurante  danza se mantiene por alrededor de una hora, hasta que poco a poco los actores van haciendo mutis por el foro.

Y esta fiesta en el amplio salón agreste, este festival de luces bailarinas, de encuentros y de cópulas, cuanto más hermoso, más efímero es.

El mágico espectáculo durará unas pocas noches de estío y lo guardaremos en el corazón, hasta que en otro comienzo de enero lo podamos volver a disfrutar.

 

2 comentarios en “La amorosa danza estival

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