Súper Any, una araña renovada

Imagen relacionada¿Ah, que no saben lo que sucedió una vez? Pues, ahora mismo se los cuento.

Las arañas que habitaban entre los polvorientos maderos de la leñera estaban muy disgustadas; mucho más que lo habitual, y hasta parecía que se veían más negras que nunca. Desde hacía un tiempo alguien liberaba las presas atrapadas en sus telarañas, por lo que no habían podido alimentarse adecuadamente, ni menos descubrir al causante de tan desagradable situación.
La malhumorada araña Manuela convocó con urgencia a las integrantes de la comunidad. Todas llegaron mirándose con desconfianza, y muy molestas se ubicaron cuidando de no quedar muy cerca una de otra.

Manuela comenzó a buscar un lugar alto para hablar desde ahí. En eso estaba, cuando colgada de un brillante hilo de seda irrumpió una esbelta araña de patas atigradas, cruzando el espacio por sobre la concurrencia. Lucía sobre su espalda una brillante capa roja que ondeaba al viento y en ella estaban grabadas dos enormes letras: S.A.

Luego, se detuvo muy alto. Estiró sus patas delanteras dejando al descubierto las mismas coloridas letras en medio de su cuerpo, y sonriendo se dirigió a las estupefactas presentes:
_¡Hola! Sé que no me conocéis. ¡Soy Any, la Súper Araña! Me he propuesto  cambiar la imagen que  tienen de nosotras. ¡Ya no más arañas oscuras, escondidas, acechantes y enojadas! ¿Cómo es posible que seáis felices tejiendo trampas, devorando seres maniatados, adormecidos e indefensos?  ¡Es preciso dar un giro radical a nuestras existencias! ¿Es que no podéis atrapar una presa en buena lid? ¿Buscarla, perseguirla, luchar por ella? ¡Abusáis de los medios con que contáis y sois felices atemorizando a los demás! Ya veis que con mis súper poderes he sido más rápida que todas vosotras! Quiero que sepáis que os invito a plegaros a mi cruzada, pero si no cambiáis, además de liberar a las presas, dañaré vuestras telarañas. Entonces, pasaréis tejiendo y retejiendo una y otra vez sin daros tiempo para alimentaros. ¿Qué os parece?

Todas respondieron al mismo tiempo, mientras de sus ojos saltaban chispas de furor. De ese enredo de voces airadas nada se entendió.

Entonces, Manuela, con el ceño fruncido y los ojos a punto de estallar, elevando su voz, tronó:

_ ¡Nunca cambiaremos! ¡Dejaríamos de ser arañas! Es un sueño imposible el que acabas de plantear.  ¡No podríamos sobrevivir!

Un estruendoso aplauso llenó el aire, pero no repararon en que sólo surgieron desde algunas de las arañas adultas y las de mayor edad. Las jovencitas permanecieron quietas y mudas.

_¡Lo primero y más urgente será atrapar a esa atrevida y hacerla desaparecer! _continuó diciendo la ofuscada Manuela. Utilicen toda su astucia y experiencia. No podemos fallar. Nos volveremos a reunir en una semana más _concluyó.

La reunión se dio por terminada, pero desde muy arriba, Any, la Súper Araña, pendiendo de su brillante hilo , seguía yendo de una esquina a otra en veloces giros, resultando imposible de alcanzar, y dijo:

_ ¡Las que estén de acuerdo escríbanme a: superany@aracnic.com!

Y esa noche, las arañas jóvenes, en vez de ejercitar el tejido de los hilos de seda, cogieron sus celulares y enviaron mensajes de adhesión a la nueva heroína.

En los días siguientes, desoyendo a sus padres, se fueron a vivir muy lejos y comenzaron a practicar una nueva forma de cazar, sin usar las clásicas y pegajosas telarañas. Sin duda, era más agotador; pero así aprovechaban de ejercitar sus músculos, también de sentir el sol y el aire sobre sus cuerpos. Se sentían más ágiles y mejores seres.

Pero, en la comunidad seguían mirándolas con temor y recelo. Sólo unos pocos respondían a sus saludos. Probablemente debería transcurrir mucho, mucho tiempo, para que no desconfiaran de ellas y olvidaran la mala fama que se habían ganado.

Mientras tanto, Manuela continuaba furiosa. Nunca pudo aprender el lenguaje del computador ni del celular, al igual que sus congéneres de la misma edad. Aunque, a decir verdad, el temor de no lograrlo fue mayor y ni siquiera lo intentaron. Por lo tanto, vivía al margen de la tecnología y la modernidad, y por ende, ignorantes de la forma de vida elegida por las más jóvenes, inducidas por Súper Any.

Como seguían desapareciendo las presas atrapadas en las telas, las viejas arañas comían casi nada o muy de vez en cuando. Estaban  siempre agresivas y reaccionaban exageradamente ante cualquier contratiempo. Tanto así, que ya algunas habían devorado a sus propias vecinas.

Ante la imposibilidad de atrapar a la heroína, y para terminar con el problema, Manuela recurrió a la malvada Bruja del Pantano. Ella roció un compuesto de cal sobre todo el territorio donde suponían que vivían las arañas sublevadas. Así, cualquiera fuese el alimento que ingiriesen, poco a poco sufrirían una gran transformación.

_Sólo deberás ser paciente _le dijo la bruja a Manuela. ¡Ya verás lo que ocurrirá!

Pero Súper Any, que estaba siempre muy bien informada, al enterarse de lo ocurrido, ideó un infalible plan.

Primero que todo, a través de WhatsApp informó que deberían cambiar de lugar sus residencias. Después,  pidió que se dedicaran a atrapar moscas y saltamontes contaminados con el preparado de la bruja y los dejaran sobre las telarañas de Manuela y sus amigas.

Y sucedió que ellas, hambrientas como estaban, cuando descubrieron tantos bocados, devoraron con avidez todo lo que encontraron pegado en sus trampas.

Después de varios días saciando su gran apetito, en la claridad de un luminoso amanecer, vieron con estupor que habían perdido dos de sus patas, seis de sus ocho ojos, y que la cubierta de sus cuerpos era dura. ¡Se habían convertido en vulgares y pacientes escarabajos! Por más que lo intentaron tampoco obtuvieron siquiera una hebra de seda para tejer nuevas telarañas. Arrinconadas, avergonzadas y humilladas, huyeron de la leñera hacia los árboles del bosque. ¡Habían perdido la batalla!

Any, la joven heroína, no se burló de ellas ni se vanaglorió del final obtenido. Continuó trabajando en el proyecto de cambiar su forma de vida y acabar con la mala fama ganada por las antiguas arañas.

Cada día se dedicó a visitar nuevos lugares intentando convencer a otras  arañas para cambiar su forma de vida.

Su página de Facebook seguía recibiendo más y más adhesiones y su corazón se llenó de alegría cuando encontró en  Google un hermoso poema que después publicó y decía:

Pepa,

mi buena amiga,

es una dulce

y bondadosa

araña renovada.

Me teje guantes

de fina seda,

abrigos, calcetas,

y bufandas.

En domingo

me prepara

unas ricas

empanadas

con jugosas

y dulces

betarragas coloradas.

En las noches frías

dormimos abrazadas,

y al otro día

tomamos sol

en medio

de la playa.

¡Hurra!,

porque ahora Pepa,

mi buena amiga,

es una araña

renovada.

Cuento infantil.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s