Una gran lección

lagar

Había una vez una preocupada mamá de nombre Lagartija Gris tomando sol en un caluroso día de verano. De todos los últimos hijos que había tenido, sólo uno seguía viviendo con ella: su hijita Pintitas Amarillas, y era el motivo de su preocupación, pues justo era la hora de su vuelta a casa desde el colegio.

_¿Vendrá con la misma cara triste de toda esta semana? _se preguntó.

Ya lo había decidido: ahora mismo iría a conversar con la profesora de su hija. Sobre la mesa dejó una nota que decía:

_Pintitas, hija: Vuelvo en una hora. En el pote azul está tu comida.

De lejos observó a Pintitas Amarillas que caminaba hacia la casa. Entonces ella apuró el paso y entró a la escuela para conversar con la profesora. Le contó que su hija todos los días llegaba muy apenada y con mucha hambre.

Miss Dundí  espero a que terminara y le dijo que estaban muy preocupados, porque alguien había estado sacando las colaciones desde las mochilas, y una de las afectadas había sido, justamente, Pintitas Amarillas. Que diariamente lo estaban conversando con el grupo, y lo más probable sería, que uno de estos días, el o la culpable, lo reconociera. Eso sí, le recomendó conversar con su hija, en casa.

Todos los días mamá Lagartija Gris le preparaba ricas colaciones. Cada día recorría los maderos de la terraza esperando pacientemente, lo mismo que una estatua, para poder cazar arañitas, moscas, polillas, zancudos para alimentarse ella y preparar después, la lonchera de Pintitas Amarillas.

La encontró haciendo sus tareas.

_¡Mamá! ¡Qué bueno que llegaste!

_¡Hola, mi amor!

_Mami, ya estoy terminando mis trabajos, ¿me das mil pesos?

_¡Pero, hija! ¿Para qué quieres dinero? ¡Nunca lo hemos necesitado!

_Mmm… Es que… Lo que pasa es que mi compañero Verdeoscuro me dijo que si le daba mil pesos, él nunca más me sacaría ni me pediría la colación. Entonces, yo no quiero que todos los días me pida, porque si no se le doy, me la quita.

_Hijita, pero ¿se lo has contado a la profesora?

_¡Ay, mami! Es que Verdeoscuro es mi amigo. Además, es el mejor del curso para el fútbol. Si le digo a la profesora, él me dijo que no sería más mi amigo.

_Hija, los verdaderos amigos no hacen sentir mal a sus amigos. Los respetan, los tratan con cariño, no los hacen sufrir. Y toda esta semana estuviste llegando muy triste de la escuela. Ahora sé, qué era lo que te hacía sufrir.

_Verás, haremos lo siguiente. Conversa con tu amigo. Dile que le pida a su mamá prepararle el doble de colación, porque como corre mucho siente hambre y sed todo el tiempo. Cuéntale que lo estimas, pero que debe respetarte y no exigirte dinero ni colaciones. Que si vuelve a ocurrir se lo contarás a la profesora.

Mamá Lagartija Gris respetó el deseo de su hija y no fue a la escuela para conversar con la profesora. Esa tarde esperó su llegada en la puerta de la casa para observar su cara. Pintitas Amarillas venía saltando y cantando.

_¡Mami, mami! La sonrisa de su hija la tranquilizó inmediatamente.

_¡Fíjate que conversé con mi amigo Verdeoscuro, tal como tú me dijiste! Y él me pidió disculpas y dijo que esta tarde conversará con su mamá.

Al  día siguiente, cuando llegaban al colegio,  Pintitas Amarillas  y muchos de sus compañeros vieron llegar a Verdeoscuro de la mano de su madre. Ella ingresó a las oficinas de la Inspectoría y Verdeoscuro se fue a su sala. Allí saludaron a la profesora, dejaron su libreta de comunicaciones en una caja, ordenaron sus escritorios y se colocaron sus delantales. Luego, se formaron afuera de la sala, esperando el sonido del timbre para ingresar.

Ya una vez adentro, cuando terminaron de saludarse y dar por iniciada la jornada, Verdeoscuro levantó su mano y dijo:

_Profesora, tengo algo que decirle a mis compañeros. ¿Puedo hacerlo?

_¡Sí! ¿De qué se trata? Dime.

_Lo que pasa es que tengo que pedirles disculpas, porque yo saqué colaciones de mis compañeros y compañeras. Ayer conversamos con mi mamá, y ella, ahora, me preparará siempre  el doble de colaciones. Entonces, no lo volveré a  hacer, porque aunque corra mucho jugando fútbol, tendré más alimentos para servirme.

Los niños mantenían un gran silencio y sus ojos iban desde el rostro de Verdeoscuro, hasta la cara de la profesora.

Verdeoscuro agregó:

_Mi mamá preparó unos ricos galletones para ustedes y se los entregaré antes del recreo,  junto con unas manzanas.

La profesora avanzó hasta donde estaba Verdeoscuro, lo abrazó y le dijo:

_¡Felicitaciones por haber reconocido tu falta y haber conversado con tu mamá! Es lo que siempre deben hacer los hijos, cuando se sienten aproblemados por algo. Decir la verdad es lo mejor.

_¿Alguien quiere decir algo o dar una opinión?

Pintitas Amarillas fue la primera en levantar la mano.

_Profesora _dijo. Yo pienso que Verdeoscuro fue muy valiente. Yo creo que tiene un buen corazón, porque se dio cuenta que estaba causando daño y ahora ya no lo hará.

Cabecita Manchada dijo:

_Yo creo que merece un aplauso.

Todos se pararon de sus asientos para aplaudirlo y lo rodearon. Verdeoscuro se emocionó y le cayeron unas gruesas lágrimas, mientras recibía muchos abrazos.

Pronto, la profesora los hizo retornar a sus puestos y les dijo:

_Esto que hemos vivido hoy, es una gran lección. Todos debemos aprender a reconocer que, a veces, nuestras acciones pueden producir dolor a otros, y ello nos hace infelices. Somos realmente felices cuando decimos la verdad, cuando reconocemos nuestros errores y cuando queremos cambiar de actitud. Los invito ahora a que cada uno dibuje una escena donde se puedan observar buenas acciones. Como recoger una basura, por ejemplo, prestar un cuaderno, explicar a otro algo que no entiende, compartir un juego, ir a ver a un compañero enfermo, etc. Lo pintan, y más abajo explican qué es lo que sucede ahí, en el dibujo. Después los colocaremos todos en el mural, ¿les parece?

Verdeoscuro fue donde la profesora y le dijo:

_¡Me ofrezco para repartir las hojas!

_¡Síííííí! _gritaron todos, y felices comenzaron a dibujar.

Cuento basado en un hecho real y apropiado para niños entre siete a nueve años.

5 comentarios en “Una gran lección

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