Haibun (#5)

ocaso

Ayer, viajando a la hora del crepúsculo y a contraluz, el horizonte se convirtió en un enorme, iluminado y sereno lienzo de tonos naranja. En la vera del camino claramente destacaban las siluetas grandes y pequeñas, los ramajes, los troncos de los árboles…

De súbito emergía el contorno de los detalles más mínimos: puntas roídas, hojas agujereadas, bordes carcomidos, donosas yemas apenas asomadas, pequeños botones rosados de manzanos en flor, ajados pompones amarillos de aromos sacudidos por el viento viajero, salpicado de perfumes y  colores.

El único pero provino del reloj, que volvió finito y breve ese maravilloso momento que me concedía el final del día.

De pronto, las sombras se volvieron más intensas, el resplandor más lejano y tenue. Entonces comprendí que la noche había llegado oscureciendo el lienzo hace tan sólo unos instantes iluminado.

Cielo naranja,

penumbras en invierno.

Duermen los gallos.

 

 

 

15 comentarios en “Haibun (#5)

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