¿También?

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En una sencilla escuela de madera de un pequeño poblado rural, la joven profesora de tercero básico formaba diariamente a sus alumnos en dos hileras antes de irse, al final de cada jornada.

Prácticamente todos vivían en el campo y debían caminar bastante para llegar a sus humildes hogares donde carecían de toda comodidad. En su mayoría eran niños pertenecientes a la etnia mapuche, hijos de padres agricultores, poseedores de un pequeño terreno, de condición socioeconómica y educacional, reducida.

Al formarlos tenía la oportunidad de recordarles las tareas, ya que por ese entonces no había jornada escolar completa y las clases finalizaban a las trece horas.

Pero su mayor objetivo al realizar esta actividad era recomendarles que debían lavar muy bien todo su cuerpo (los hábitos de aseo estaban lejos de ser practicados por ellos y no eran motivo de preocupación).

Para ser lo más clara y directa posible,  ella les decía que en forma muy especial, mañana y noche, debían asear aquellas partes del cuerpo por donde salen al exterior de cada uno, lo más hediondo: pichí y caca.

Así, comprendían bien a qué partes se refería.

En eso estaba un día frente al par de hileras, cuando desde la formación, uno de los niños eleva la voz muy serio y preocupado, y le pregunta a la profesora:

_Se ño ri ta… ¿Y  «el bola» también?

_¡Por supuesto que también! ¡Con mayor razón! ¡Pueden resultar salpicadas! _ respondió ella animadamente_ disimulando las enormes ganas de reír que sentía en ese momento.

(Cabe hacer notar que los alumnos de origen mapuche, en los primeros niveles educacionales tienen problemas para usar adecuadamente artículos y plurales del idioma español; pues, en su lengua nativa estos no se diferencian.)

pichí

  1. m. infant. coloq. Arg., Chile yUr.: orina

Este relato corresponde a una anécdota vivida durante mis primeros años de profesora básica. Trabajé diez en una escuela de un pequeño poblado rural, distante a 15 km de la ciudad donde vivía.

Imagen tomada de internet que guarda un leve parecido con la escuela de la anécdota.

21 comentarios en “¿También?

    1. Siempre lo intenté, Mayte. Educar con afecto es una poderosa herramienta.
      En los años en que comencé a trabajar era más difícil para los niños mapuches el ingreso al sistema educativo. La mayoría de ellos usaba su lengua. En cambio ahora no sucede. En vista de ello y especialmente en las escuelas rurales, hablantes nativos enseñan el mapudungún.
      ¡Besos! 😘😘😘😘😘

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    1. Vivo precisamente en la región de la Araucanía; pero ello no significa que conozca la cultura del pueblo mapuche a cabalidad. No debiera ser, más si soy profesora. Es una gran deuda que tenemos con los pueblos originarios. Tampoco hay una política de estado al respecto y se producen conflictos con grupos más radicales.
      🤗🤗🤗🤗🤗

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    1. No ha sido la intención reírse de ellos. Lo divertido proviene de la preocupación por saber si esa parte de su anatomía, que no había sido mencionada por la profesora, también debía ser lavada. Consideré necesario e importante incluir la explicación de por qué dice «el bola» para una mayor comprensión de la confusión que se les produce en el proceso de aprendizaje del idioma español. Tampoco la profesora podía reírse con ellos, pues consideraron de lo más natural y pertinente la pregunta y no se rieron.
      ¡Un abrazo, JM!
      🤗🤗🤗🤗🤗

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    1. Sí, Luna. Es lindo ser profesora, esponja el alma . Todos los días se llenan de diferentes detalles y la sonrisa y afecto de los niños es la más dulce de las mieles. Lo ingrato es sentir el peso de la mochila que guarda la enorme responsabilidad que implica trabajar con niños, cumplir con los programas de estudio y formativos, cronogramas, relación con los apoderados, etc. Y está presente durante cada día del año, no da tregua ni en los festivos.
      Me inicié en la escuela rural que menciono en la anécdota y terminé trabajando en un colegio privado. Sin embargo, a pesar de las enormes diferencias, constaté que la esencia de cada niño es la misma y el afecto es su gran y permanente necesidad.
      Un poquito de mí puede haber quedado en alguno de ellos.
      ¡Un fuerte abrazo, Luna!
      😘😘😘😘😘

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    1. Aciertas, Antonio. La recuerdo con cariño porque me gustaba. Sin embargo, no fue mi primera opción. Tengo un sueño incumplido: el periodismo. Pero en ese entonces estaba fuera de las posibilidades económicas familiares, pues la carrera no se impartía en las ciudades cercanas a donde vivía y puse todo mi empeño en lo que estaba a mi alcance y fue satisfactorio.
      ¡Un abrazo!
      🤗🤗🤗😘😘😘

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