Recuerdo imborrable

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Era un domingo de invierno de intenso frío y yo tenía grandes deseos de ir sola a la función de matiné infantil, aun cuando solo tenía siete años. El pueblo era pequeño y tranquilo y el cine se encontraba como a cinco o seis cuadras de mi casa. Tanto insistí alegando que sabría desenvolverme, que al final mis papás accedieron y me dejaron sentada en una butaca del teatro.  

Cuando terminó la primera película de la programación, noté que la temperatura había bajado mucho y comencé a sentir unos enormes deseos de orinar. Sin embargo, tan solo con acercarme a la puerta de los baños desistí: un desagradable olor me obligó a retroceder y a tomar la decisión de regresar a casa, muy a mi pesar.

Al salir del teatro, la calle y todo lo demás estaban cubiertos de nieve, y esta continuaba cayendo copiosamente. Apresuré el paso todo lo que pude. Cuando ya estaba a dos cuadras opté por pasar a casa de mis primas, pues estimé que no alcanzaría a llegar hasta la mía. Sin embargo, como a tres metros de la puerta ya no pude más… Un líquido caliente comenzó a escurrirse por entre mis piernas dejando su huella sobre la vereda cubierta de nieve, a medida que avanzaba… Así, muerta de vergüenza, imaginando que todos me miraban y mirando sin ver, caminé lo que restaba hasta mi casa, quedando en mi memoria el imborrable recuerdo de mi primera ida al cine, sola.

Fotografía de la plaza de Curacautín, mi pueblo natal, tal cual se conserva en mis recuerdos (tomada de internet).

Curacautín, en mapudungún: kura kawin, significa “piedra de reunión”.

31 comentarios en “Recuerdo imborrable

  1. En aquel momento lo vivirías como un auténtico drama el hacerte pipí encima, ahora supongo que lo recuerdas como una anécdota graciosa, de niña pequeña muerta de frío y que no pudo aguantar.
    ¿A qué pequeño no se le escapó el pipí alguna vez?
    Geniales tus palabras de la infancia querida Sari.
    Un abrazo⚘

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    1. ¡Oh, sí! Por supuesto que me supo a tragedia y ni siquiera recuerdo si vi a otras personas caminando cerca de mí; pero igual sentía que miles de ojos me observaban.
      Soy de las que acumulan unas cuántas anécdotas en el transcurso de mi vida. Quizá por despistada, crédula, no sé. Por eso una de mis categorías en el blog corresponde a ellas, e iré contándolos poco a poco. Además que ahora, solo despiertan mis sonrisas.
      ¡Gracias a ti por leer, Yvonne!
      ¡Un abrazo!

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    1. Como cualquier otro, nada más. Sin embargo tiene la particularidad de contar con una gran parte baja y otra muy alta, separada por un río. Recuerdo que cada vez que íbamos por la parte más empinada, yo cerraba los ojos y rezaba porque me parecía que el vehículo en cualquier momento se iba para atrás, cuando mi papá pasaba los cambios 😂
      ¡Un abrazo, Carlos!

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  2. Qué intenso recuerdo de la infancia! A mi pueblo también iban a mostrarnos películas mudas… Cuántos recuerdos, llevábamos nuestra sillita. No dudo que te dejó huella aquella experiencia, pero ahora gusta revivir esos momentos, la nieve, las ganas de orinar, el trance infantil… Una historia tierna, como todo lo relacionado con la infancia. Preciosa narración. Besos.

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  3. Agnodice

    Que pueblo tan bonito! Y bueno, seguro que la gente pensaba sobretodo en llegar a sus casas por el frío y nadie en absoluto se dio cuenta de que te habías hecho pipi. Qué curioso lo que se nos queda en la memoria! Un saludo!

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    1. Lo mismo creo. A causa de la nieve deben haber andado muy pocas personas fuera de sus casas y si alguien pudo verme ni cuenta se dio; pero mi percepción en esos momentos era totalmente diferente.
      Es un agrado recibir tu visita y comentario, Agnodice.
      ¡Un abrazo!

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  4. Aquel día, pocos días después de mi Primera Comunión apareció mi padre, quería llevarme con él a pasar unos días. Mi madre, que había venido de Alemania para mi fiesta, todavía no se había ido. Le dije a mi padre que cuando ella se fuera, me iría con él. No lo comprendió, cogió todos los regalos que me había traído y se los llevó… Aquella noche mojé la cama, siempre pensé que fue una reacción de dolor y tampoco lo he olvidado.
    Hay recuerdos imborrables de la infancia, buenos y malos pero todo lo que nos pasó nos hizo como somos.
    Besos, Saricarmen.

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    1. ¡Estrella! ¡Qué alegría leer un comentario tuyo, te he extrañado!
      Mucho dolor debes haber sentido en ese momento y con mucha razón tu cuerpo reaccionó de esa manera. También es indudable que se te grabó a fuego aunque ahora ya puedes recordarlo serenamente. Los recuerdos son parte de cada uno, para bien o para mal; no podemos obviarlos.
      ¡Un enorme abrazo para ti!

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    1. Así es, Marisa. Tengo otra donde pasé más vergüenza aún… No sé si me atreveré a contarla…
      Te imagino ilusionada pues la próxima semana estarás firmando libros en la feria, de Madrid. ¡Te deseo mucho éxito, sé que lo pasarás muy bien!
      ¡Besos!

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  5. Pingback: Recuerdo imborrable — Desde El Cielo | Mi Vida es Un Teatro

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