Las cautelosas crías de mamá culebra

31oct15

La solícita y abnegada mamá culebra despertó muy feliz esa mañana junto a sus hijitos, entre las raíces del añoso árbol caído donde vivían. A  través de sus ásperas escamas percibió que el día sería muy caluroso.

_¡Qué rico! _pensó. Tan largo que resulta el tiempo frío, donde casi se acaban mis fuerzas y permanezco aletargada. Ahora es primavera  y puedo salir con mis pequeñas crías, para alimentarlas.

La temperatura y el aire le indicaban la pronta llegada del verano y eso la ponía muy feliz. Habría mucha comida entre los campos con espigas maduras, fáciles de obtener, lo mismo que las camadas de los nuevos ratoncillos.

_¡Ya sé!, _dijo en voz alta. Hoy iremos a la laguna. Ahí, entre las piedras, podremos cazar ranas, lagartijas, mosquitos, y además nadaremos, pues el agua ya debe estar menos fría.

Los hijos la observaron levantar su pequeña cabeza aplastada, encoger su largo cuerpo  alistándose para reptar. En un santiamén estuvieron tras ella y comenzó la familia, silenciosa, ondulada y rápidamente a avanzar.

Pero, mamá culebra iba tan concentrada  en la marcha, que cometió un grave error: no se detuvo en ningún lugar, ni observó el cielo. Si lo hubiese hecho, habría descubierto a ese cernícalo de pecho blanco con manchitas,  que miraba con atentos ojos el desplazamiento de la familia.

La vista del agua apuró aún más a la madre, que dejó a sus hijos entre unas grandes piedras, diciéndoles:

_Esperen aquí. Pueden cazar zancudos. No se alejen. Iré un momento al agua.

Fue justo lo que esperaba el cernícalo. Bajó en picado sobre las crías. De inmediato cogió a una con sus garras y la despedazó con su pico. Enseguida, agarró muy fuertemente a dos más, y elevó el vuelo por un buen rato, hasta arribar a unos peñascos que asomaban por el costado de una pedregosa  ladera. Allí tenía su nido, donde la hembra del cernícalo, incubaba cuatro huevecillos. Las crías de mamá culebra no dejaban de retorcerse aprisionadas por las fuertes garras, pero el señor cernícalo en cuanto llegó las cortó con su poderoso pico y las dejó ahí para que su pareja se alimentara.

Mientras, mamá culebra, furiosa enrollaba y estiraba su cuerpo muchas veces, junto a las tres crías que le quedaban. Luego se calmó y pensó con calma.

_No volverá tan pronto _dijo.

_ ¡Vamos! Niños: observen cómo atrapo a las ranas y después lo hacen ustedes solos.

Así ocurrió varias veces, hasta sentir que necesitaban un buen descanso. Entonces, mamá culebra decidió no volver a la guarida del árbol, sino quedarse en el espacio que dejaban dos grandes rocas.

Despertaron cuando hacía mucho tiempo que el sol calentaba las piedras, la arena y el agua.

_¡Quédense aquí, no salgan! Les traeré comida.

Mamá culebra capturó muchas lagartijas y ranas para sus crías. Enseguida les pidió que jugaran sobre la arena, mientras ella permanecía entre las rocas, escudriñando el cielo por una pequeña abertura.

No transcurrió mucho tiempo cuando divisó al cernícalo con sus calzones blancos salpicado de pintitas oscuras. Entonces, cambió de ubicación. Todo su cuerpo estaba atento, presto para atacar. Nada le dijo a sus crías que  continuaban jugando sobre la arena.

De pronto, ve la veloz bajada del ave y en el mismo segundo en que el cernícalo estira sus garras para atrapar a las crías, la mamá culebra salta y le muerde el cuello. No tan fuerte como para provocarle la muerte, pero lo suficiente como para que soltara a sus presas. Enseguida, afloja la mordida para enrollarse en su cuerpo, pero el cernícalo se eleva, adolorido.

Mamá culebra miró a sus asustadas crías y les dijo:

_Deben aprender que siempre tienen que estar muy atentas para descubrir qué otros seres hay cerca, y si son peligrosos. Cada cierto rato deben mirar el cielo y en rededor. Pueden jugar, pero no tan despreocupadamente, ¿de acuerdo?

_¡Sí, madre! Comprendimos todo; no te preocupes.

_También quiero que aprendan algo. ¿Se fijaron cómo los defendí del cernícalo? Sólo quise ahuyentarlo, no matarlo. Las culebras chilenas tenemos veneno, pero fluye de nuestros últimos dientes, al final de la mandíbula superior. Entonces, no lo inoculamos, no alcanzamos a morder con esos dientes. Nuestra arma es la constricción, para asfixiar a nuestras presas. Lo más probable es que el cernícalo buscaba comida para su familia. Creo que habrá comprendido la advertencia y ya no volverá a volar por estos lados.

_¡Madre, eres genial! A tu lado creceremos muy rápido, y para entonces,  sabremos tanto como tú.

Desde ese día ellas fueron siempre muy cautelosas para desplazarse, comer, divertirse  y elegir el lugar más adecuado para vivir.

Nunca más mamá culebra tuvo que sufrir ni pasar susto por ellas, hasta que crecieron, fueron grandes y formaron sus propias familias.

Cuento infantil.

La fotografía corresponde a un hermoso ejemplar de Culebra de Cola Corta (Tachymenis chilensis), que sorprendí tomando sol justo en el portón de ingreso a la parcela donde vivo, una inusual calurosa tarde del último día de octubre del año 2015. No es habitual verlas, pero en tiempo de verano o en días calurosos, sí. Inmediatamente huyen de la presencia humana, pero de todas maneras me produce temor encontrarlas.

 

6 comentarios en “Las cautelosas crías de mamá culebra

  1. Un cuento muy bonito, contado desde la perspectiva de mamá culebra. La vida es así, el cernícalo caza culebras, las culebras cazan lagartijas y estas cazan insectos…. ¿Habría otro cuento desde la óptica de mamá lagartija? seguro que sí y seguro que es tan bonito como este.
    Un abrazo Sara
    pd: la foto imponente ¡¡

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  2. Entre otros, uno de mis objetivos al escribirlo fue que los niños conozcan las características de las culebras chilenas, pues por temor y desconocimiento, suelen matarlas. ¿Sobre lagartijas? ¡Sí! Ya hay algunos relatos.
    No han sido más de cinco las veces en que me he topado con alguna, y aquella vez fue la única en que pude fotgrafiarla. Al ocurrir el encuentro el susto es mutuo, y luego de un grito involuntario quedo paralizada.
    ¡Buen domingo Carlos y gracias por tus comentarios! 😀

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